Jueves, 06 Diciembre 2018 00:23

Hugo Gatti con otra reflexión del RIVER-BOCA

Por Jorge Avila.-Nos recuerda Hugo Gatti, afincado en Madrid, justamente ahora que la copa se disputará en esa ciudad por desprolija y desacertada  decisión de la Conmebol, capital de la madre patria, de la que el glorioso soldado San Martin (curiosamente nombre de la Copa Libertadores) nos independizó , el ex arquero de River y Boca ahora  comentarista de tv,  revulsivo como siempre dijo: "Se trata de un juego, de divertir a la gente. Buenos Aires, no es Boca o River. Es rojiblanca y auriazul".
 
La última vez que fui a una cancha de fútbol fue a comienzos de los 70. El partido era justamente en el Monumental de Nuñez, creo que por la Copa Roca. En el arco argentino estaba el Rubén Sánchez, un buen arquero de Boca, algo petiso para el puesto. Del otro lado los brasileños eran lo que han sido hasta no hace mucho. Se juntan tres o cuatro, empiezan a tocar "a bola" y cuando te querés acordar te hicieron varios goles. Ahora ya no son así. En esa ocasión hubo empate en dos y una parte de la gente aplaudía a Sánchez, y otros lo abucheaban encabezados por la hinchada de River. Al salir, se armó pelea entre los bandos, y prometí no volver a una cancha.


Con el tiempo la organización "barra brava" se fue perfeccionando, hasta transformarse en un ajustado mecanismo criminal, que en la última semana ha costado el cargo del ministro de Seguridad porteño, Martín Ocampo, y especialmente ha mostrado nuestra involución como sociedad. Confieso que, arquero al fin, he sido seguidor de los guardametas de toda índole, que solían deslumbrarme cuando íba a la cancha con mi tío.


El primero de ellos, Néstor Errea, un innovador del puesto a comienzos de los 60. Salía jugando, se anticipaba a los delanteros, no se tiraba cuando el balón salía desviado, aunque fuera por poco. Su suplente en Atlanta, era un "muchachón" de campo, que iba aprendiendo y perfeccionando las maniobras de Errea. Se llama Hugo Orlando Gatti, y le dicen "loco" aunque por la forma en que llevó su carrera y su vida, demostró que tiene poco de eso.


En el 64 pasó a River, donde el mítico Amadeo Carrizo ya estaba con 37 años. Se trataba de que creciera junto a él y que le sucediera. Pero Gatti llevaba lo del arquero total más allá que Carrizo. No se conformó con el área grande y el dominio de las bisectrices, como se escribía entonces, sino que salía del área, jugaba con el pie, sacaba de banda. Además lucía un aspecto original que despertaba polémica. Por ese tiempo visitó el Bernabéu en el homenaje a Gento. Su aspecto (medias bajas, pelo a lo "beatle" antes de que estos fueran conocidos, pantalón hasta la rodilla), impactó.
Después de la gira europea, jugó su primer clásico con Boca. Y le hicieron un gol de media cancha, que quedó en la historia porque Gatti, varios metros fuera del área grande, se dio vuelta para aplaudir al goleador. Por el pelo largo, los boquenses empezaron a llamarle La Bruja.


En La Bombonera, La Doce (la "barra brava" ) le tiró una escoba, y él se puso a barrer papelitos.Aquello fue un flechazo. La Doce le adoptó y él empezó a hacer declaraciones de simpatía "xeneixe".
En el 69 se fue a Gimnasia y Esgrima. Allí se sintió liberado, disparó declaraciones divertidas, cargadas de una simpática arrogancia inspirada por Cassius Clay-Mohammed Alí, su ídolo. Con 30 años, un adinerado y audaz presidente le lleva al recién ascendido Unión de Santa Fe. Y con él, como entrenador, a "Toto" Lorenzo. De allí, a Boca. Extravagante, jugó hasta los 44. Llegó a ser suspendido por la AFA por su ropa. Fue el primero en ponerse publicidad. Resucitó algo que hizo en sus inicios en Atlanta. Un día, tras salir del área a cortar una jugada, siguió gambeteando, pasó el medio campo y cedió a Perotti, que marcó. En dos amistosos le dejaron jugar de delantero. Una historia de amor. Aquello sólo acabó cuando en las elecciones del 83 se le ocurrió respaldar a Alfonsín.


La Doce siempre fue peronista. Política y amor no siempre se llevan bien. Sobre todo, cuando en esa época, José Barrita "el abuelo", líder de La Doce ya recibía favores de sindicalistas, empresarios y políticos, en una senda que tuvo su triste culminación hace un par de semanas, con un bus bombardeado al llegar al Monumental, y una madre pertrechando de bengalas a su niña.


Pero en especial, eso que nos recuerda Gatti, afincado en Madrid, comentarista televisivo, y revulsivo como siempre: "Se trata de un juego, de divertir a la gente. Buenos Aires, no es Boca o River. Es rojiblanca y auriazul". Que los intereses se lleven la Copa donde quieran. Y que los desaforados paguen su pasaje. Siempre serán derrotados por el alma juguetona del potrero.
Jorge Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.