Domingo, 14 Octubre 2018 23:45

Acuarelas porteñas... ¿Y Colón?

Por Jorge Avila---Para la gran mayoría de los porteños, y no ese núcleo anquilosado de "burgueses pequeños, pequeños" que retrataba Mario Monicelli en su gran película homónima con Alberto Sordi, hoy sigue siendo el Día de la Raza, por más forzamiento `intelectualoide' en exóticos indigenismos. La diversidad cultural, incorporada como uno de los pilares culturales del fachokirchnerismo naufrága como no lo hizo el gran almirante transoceánico Cristóbal Colón, cuya estatua quedó arrumbada ahora sobre una costanera que aspira, según las voces oficiales, a convertirse en "Distrito Jóven", una modalidad cuanto menos peligrosa de acumular boliches inciertos, donde los controles sobre consumos diversos (tóxicos y no tóxicos pero siempre peligrosos) se perfilan con una inmanente laxitud. ¿ El almirante será  testigo de esa "transa" agobiante en que derivó su maravillosa aventura ?. ¿Este es el Nuevo Mundo soñado por los renacentistas que alumbraron el imperio de las ideas?. Nada hay contra los negros, los amarillos y los indios de todas la etnias, algunas de las cuales habitaban aquí cuando las carabelas comenzaron a llegar en abundancia. Pero, ¿se puede seguir asociando al colonialismo con los afanes de hombres y mujeres que se atrevieron a afrontar el ancho mar en busca del destino?. A Buenos Aires, fundada dos veces como anticipo de su burocrático fulgor, le tocó ser un puerto casi final, abundante en posibilidades comerciales con sus feraces llanuras cercanas, sus conexiones con el interior de un continente que fue incorporando pausadamente las prácticas del capitalismo salvaje e incipiente que se abría paso tras los feudalismos dogmáticos. Incluyendo el esclavismo, práctica denigrante y condenable aún hoy, donde sigue su marcha en el tráfico migratorio mayor que desde entonces ha visto la humanidad. Y en las bestiales "limpiezas" étnicas que marcaron el final del siglo XX y el comienzo del siglo XXI en diversas latitudes. Pero celebremos, la diversidad cultural de Buenos Aires, que iniciada por el contrabando y las ``fulerias'', se fue constituyendo con una raza pertinaz de sobrevivientes, que llegaron a estas costas dispuestos a crear un orden propio, que hoy el porte¤o reconoce en su argamasa social extendida por la ciudad y avanzando sin cauce ni frontera. Después de aquellos fieros españoles, ingleses, irlandeses, italianos y franceses, que se fueron mixturando con la indiada o los esclavos, según los gustos, los criollos sentaron su dominio independiente y a caballo de Manuel Belgrano, un porteño hijo de ``tanos'' que pretendía instaurar una "monarquía incaica". Entre don Cornelio Saavedra y José de San Martín, le impusieron los objetivos de centralismo y expansión que marcaron el comienzo de la metrópoli. Llegó, tras las epopeyas legendarias, otro tiempo y las olas migratorias se fueron sumando.

Transformando a Buenos Aires una ciudad cosmopolita como pocas en América del Sur. Basta recorrer sus calles para reconocerse en esos "turcos" de todo orígen, que aquí todavía se llevan bastante bien, judíos trasegados que encontraron en el Once una nueva oportunidad, coreanos con barrio propio, eso si, bien lejos de los peligrosos chinos que ya tienen un emporio comercial hacia el norte de la ciudad.

Armenios, rusos, eslovacos, serbios, croatas, ucranianos. Y los hermanos latinoamericanos que pululan con renovados bríos sumando ahora a la amplia colonia de "paraguas" y "bolitas", a colombianos y venezolanos. Sin olvidar a los "yoruguas", que pasan desapercibidos para evitar cuestiones de identidad. Basta de castigar el "colonialismo" anacrónico en absurdas guerras de estatuas. Esta sí es una diversidad cultural que debemos celebrar como vecinos de este barrio planetario. Sin río, y a veces con espanto como decía el bardo máximo de la ciudad. Pero todos, siempre dispuestos a sobrevivir. Como aquellos pioneros retratados implacablemente por el alemán Ulrico Schmidt, el soldado viajero, cronista de la primera fundación. No tengamos pudor de mirarnos al espejo. Estamos aqu¡, mas de cinco siglos después. Raza de valientes, vecinos del Abasto hasta Pompeya. Festejemos. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.