Lunes, 14 Mayo 2018 23:19

Conquistar el futuro, editorial

(Por Jorge Augusto Avila)-Buenos Aires,  mayo.(caraycecaonline)-Los golpes de mercado suelen desnudar otras debilidades intrínsecas de las sociedades que los sufren. Tras días de incertidumbre económica y social, se impone elevar la mirada hasta comprender entre todos, que el futuro no es un regalo, sino una conquista, producto de una construcción colectiva que no admite especulaciones ni retaceos. La hora no es apta para los espíritus débiles.

Fue necesario apelar a recursos extremos para que la política monetaria comenzara a normalizarse luego de un vasto ataque de expertos operadores de mercado y tahúres financieros, nacionales y foráneos, disconformes por el gradualismo del gobierno de Cambiemos. Pero especialmente, por los avances de leyes clave como el saneamiento fiscal, la regulación del mercado de capitales, y el blanqueo laboral, entre otras.  A ello debe sumarse una oposición cerril, que solo pretende derrotar la iniciativa gubernamental. El cóctel comenzó a ser desarmado cuando los gobernadores mayoritariamente peronistas, comenzaron a pronunciarse contra la posibilidad de que el Congreso fije la política tarifaria. Pero especialmente, haciendo retroceder un federalismo fiscal que más allá de sus falencias, ha mostrado un avance notorio en obras públicas y renovación productiva.

Llegó el momento de plantearse que horizonte nos espera, y como podemos incidir para su consumación. Hace cincuenta años era asesinado Robert Kennedy, el autor de una visión esperanzadora sobre el futuro estadounidense en momentos oscuros. Dos meses antes había sucumbido a un ataque Martin Luther King, líder de los derechos civiles, y años antes fue el magnicidio de John Kennedy, el presidente que marcó una nueva época en la política norteamericana. Su hermano Robert se encaminaba hacia lograr también la primera magistratura tras vencer en las internas de California, cuando las balas troncharon ese destino. Pero el espíritu de sobreponerse a las adversidades y buscar las mejores condiciones de vida para los pueblos, sin mentiras ni banalidades, perduró en el tiempo. Sin duda no pudo ver el fin de la guerra de Vietnam, a la que se opuso tenazmente, ni el avance del movimiento por los derechos civiles que lo tuvieron como protagonista, a pesar de la subsistencia del racismo. Tampoco vio los cambios económicos de la globalización. Pero su figura ya había conquistado el futuro. Y aquel espíritu, esta vigente para las actuales circunstancias del país.

Nos preguntamos, ¿ que hacer con nuestra economía ?. ¿ Cómo desatar la prosperidad del país ?. Hemos pasado décadas construyendo programas, algunos con apoyo mundial para combatir la pobreza. Pero ni en los años de gobierno del populismo, ni socialdemócratas, ni liberales o conservadores, hemos sido capaces de crear un ciclo largo de prosperidad que cambie su ingreso per cápita de las cifras de un país subdesarrollado a las de uno emergente. Coinciden  los expertos en que sólo se vuelven prósperos los países que se lo proponen explícitamente, que alinean sus instituciones y sus decisiones . Hay que crear condiciones atractivas para la inversión y estímulos claros para el ahorro. Esto implica cambiar la meta nacional de combatir sólo la pobreza, a la meta nacional de crear riqueza sin abandonar lo ganado en programas para la población más desprotegida. El estancamiento de la productividad es lo que deprime el crecimiento de los salarios reales y limita el peso de la masa salarial en el PBI. La evidencia demuestra que la creación de riqueza tiende a concentrarla. La distribución de la riqueza, que sólo han creado en abundancia las economías de mercado, requiere Estados fuertes, bien financiados, capaces de políticas públicas correctoras de la desigualdad inherente a la creación de valor. No basta crecer y crear riqueza. Hay que distribuirla, acompañar la economía de mercado fuerte, abierta y competitiva como se ha esbozado, con un Estado fuerte, solvente y eficaz en su redistribución de las rentas, capaz de paliar desigualdades, garantizar cohesión social, universalidad de derechos y calidades básicas en los bienes.
 
La sociedad está  agotada de especialistas en diagnósticos. Es tiempo de romper con el pasado y actuar en consecuencia. Los tiempos reclaman la responsabilidad, pero también el compromiso de todos. Para no volver a hablar durante los próximos cincuenta años, de los cincuenta años que pasaron, como decía el protagonista de aquel filme español de grato recuerdo, que reflejó la voluntad de transformación de una sociedad que quiere conquistar el futuro.(www.caraycecaonline.com.ar)